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Colectivos chavistas sí, militares institucionales no

La historia del vicealmirante retirado Pedro Manuel Pérez Rodríguez, detenido desde el 18 de abril acusado de liderar un complot contra el presidente Nicolás Maduro, permanece sepultada bajo la estela de los gases lacrimógenos y la costra quemada de los trastos que sirven de barricadas. Los documentos del proceso judicial que se le sigue, plagado de informantes anónimos y de actuaciones inherentes al último cargo que desempeñaba, calificadas como una conspiración contra el jefe del Estado, demuestran que este oficial fue de los primeros que denunció la cooperación entre los pistoleros chavistas y las fuerzas armadas para reprimir manifestaciones de la oposición Su testimonio fue ignorado por sus superiores. Ahora que la relación entre colectivos y guardias nacionales es más descarada el testimonio del vicealmirante resulta fundamental para entender de qué va la cooperación cívico-militar que invoca el régimen como mantra sagrado

06 May 2017

Horas antes de una multitudinaria manifestación de la oposición contra dos sentencias del Tribunal Supremo de Justicia que habían anulado a finales de marzo a la Asamblea Nacional y el fuero de los parlamentarios mayoritariamente opositores, unos 15 agentes de la Dirección de Contrainteligencia Militar irrumpieron en la casa del vicealmirante retirado de la Armada, Pedro Manuel Pérez Rodríguez, en la urbanización El Marqués de Caracas. Sucedió la tarde del 18 de abril. El grupo –unos encapuchados y otros con potentes fúsiles– pedía al excomandante de la Infantería Marina entregarse a las autoridades sin explicar hasta entonces la causa.

-¡Vamos a tener que meternos a traer esa vaina! – gritó un agente canoso en la entrada de la casa.

-Pero, ¿qué pasó? ¡No sabemos qué pasa! –respondía el vicealmirante desde el interior de la vivienda.

-¡Guarde el teléfono, por favor! – ordenó uno de los agentes a la esposa de Pérez que grababa ese momento.

Horas después Maduro confirmaría el arresto de un militar retirado por ser el cabecilla de un complot para derrocar al régimen. Su proceso judicial se había gestado un día antes del encarcelamiento, pero el vicealmirante solo supo de qué había sido acusado cuando estaba en la Dirección de Contrainteligencia Militar: rebelión, instigación a la rebelión y traición a la patria.

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