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El redondeo cambiario que benefició a Odebrecht

Una mole de concreto, solitaria y apenas protegida de la inundación por bombas de achique, yace en las aguas del bajo río Caroní. Es lo que hay de la proyectada central hidroeléctrica Manuel Piar en Tocoma, al sur de Venezuela, después de pagar 10.000 millones de dólares, el triple de lo presupuestado y en parte con fondos de organismos multilaterales, a varios contratistas, entre ellos la controvertida constructora brasileña. De esa cantidad, al menos 1.000 millones correspondieron a lo pagado en divisas de manera irregular a través de un ardid administrativo (80-20, lo llamaron) que una auditoría interna detectó, y que se usó para financiar comisiones a la gerencia del proyecto.

11 June 2017

“El ‘80-20’ no se puede saber, si se ventila, se cae el proyecto Tocoma”, le advirtió un ingeniero a otro en medio de la urgencia de adelantar los trabajos, una vez más, de la central hidroeléctrica Manuel Piar, en Tocoma, estado de Bolívar, en la rica Guayana venezolana. Era 2014 y los auditores internos de Corpoelec, el holding eléctrico del Estado venezolano, ya tenían meses revisando las facturas de la obra –entre ellas, muchas emitidas por la brasileña Odebrecht– para encontrar las razones de su atraso y la gran escalada de su costo.

En Ciudad Guayana, la capital industrial y comercial de la región, el “80-20” era un secreto a voces. Ingenieros, técnicos, administradores, sindicalistas y abogados que trabajaron allí sabían que las facturaciones en bolívares se habían dolarizado a través de ese mecanismo que contravenía el control de cambio y el contrato inicial.

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