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Oficio: piloto falso de Chávez

Entre 2003 y 2006, Moisés Boyer alcanzó cierta notoriedad en medios internacionales con revelaciones tan explosivas como infundadas, sobre la exportación de la revolución bolivariana a países vecinos. Después de algunos chascos periodísticos y no pocos carcelazos, su timo quedó al descubierto. Pero de algún modo sigue consiguiendo recursos y argumentos para continuar, todavía hoy, su delirante cruzada por “la verdad” de lo que sucede en Venezuela.

11/01/2015 11:26:29

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Su historia es de verdades y mentiras. Lo dice él mismo, con voz sobria. Luce demacrado. Es alto –de unos 1,80 metros–, de piel morena y cabello ondulado. Carga un saco beige que no parece de su talla. Dos opciones podrían explicar que lo use, a pesar de lo grande que le queda, y ambas hablan de austeridad: o adelgazó mucho o la prenda es prestada.

El encuentro se lleva a cabo en Caracas, el 26 de diciembre de 2014. Solo lleva consigo una cartera negra –que contiene su cédula de identidad, papeles viejos, billetes arrugados– y una bolsa con tres mudas de ropa, el único equipaje que llevará –dice– para su nuevo viaje con destino a Brasil: la continuación de una gira por países suramericanos que empezó 12 años atrás para denunciar al Gobierno nacional. La forma que Moisés Roberto Boyer Riobueno encontró para ser famoso.

Su nombre figuró en la prensa extranjera: convenció a muchos acerca de presuntos escándalos vinculados al expresidente Hugo Chávez, sin pruebas, sin testigos, sin nada más que su palabra.

Dijo a medios internacionales que era militar, piloto y aliado cercano del mandatario. Que recibió órdenes de auxiliar a un líder de la guerrilla colombiana, que recibió órdenes de entregar 600.000 dólares a un candidato presidencial peruano para su campaña. Fue detenido, liberado. Decía que el gobierno venezolano lo perseguía por sus denuncias. Pidió asilo político en varios países latinoamericanos: Colombia, Ecuador, Perú, México, Brasil. Por algún tiempo las autoridades venezolanas se tomaron el trabajo de desmentir varias de sus declaraciones: aseguraron, por ejemplo, que jamás formó parte de la Fuerza Armada Nacional (FAN).

Hoy ya nadie le cree, y él lo sabe. Pero eso no lo desalienta. Por el contrario: lo toma como un estímulo para continuar su gira de medios. Su nuevo plan es volver a viajar y convocar una rueda de prensa para decir “toda la verdad”: que lo usaron en ambos lados –chavismo y oposición– del conflicto político venezolano y lo dejaron como un loco. O, como lo califican algunos políticos y periodistas, un mitómano. Incluso, lo llaman “el falso piloto”.

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Con uniforme militar, Boyer dio una rueda de prensa como si fuera miembro del Ejército venezolano. Era mentira y hoy lo reconoce.

Aun así, Moisés Boyer es blanco de la justicia venezolana. Fue detenido a finales del año pasado, durante un par de días, por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin, la policía política del Estado). Se desconoce qué delitos le imputaron (él dice que fue por rebelión militar). Lo dejaron en libertad y siguió frecuentando la sede del Sebin durante los días de visita. Ahí tampoco lo toman muy en serio. “Es muy cuentero”, dicen.

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Te voy a ser sincero, ¿quieres que te diga la verdad? Yo no fui piloto de Chávez. Yo dije eso porque a Sergio Alvarado, que sí fue el verdadero piloto, le dio miedo. En ese momento en que estaba la rueda de prensa, a él le dio miedo. Estaban CNN, la BBC. Él me dijo: “¿Tú sabes lo que es denunciar al vicepresidente de la República? Se van a romper las relaciones binacionales”. Yo estaba con él, no tuvo las agallas y se echó para atrás. Eso lo había organizado un coronel del Ministerio de Defensa de Colombia. No recuerdo su nombre.

Por eso, como Alvarado se echó para atrás, yo tuve que hacerlo, yo tuve que asumir el rol de él porque ya estaba convocada la rueda de prensa. Entonces, dentro de todas las verdades y las mentiras, yo he tenido que asumir y seguir en eso por todos estos años, con el cuento de que he sido yo porque Alvarado nunca asumió.

Yo no era el piloto, pero sí estaba con Alvarado en la avioneta que buscó a Raúl Reyes a Colombia, a San Vicente del Caguán –una pista clandestina–, por órdenes de José Vicente Rangel, para traerlo a Venezuela. Y eso el presidente Chávez no lo sabía. Yo era coordinador de los Círculos Bolivarianos para ese momento. Yo no fui piloto, es cierto, pero sí fui militar.

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--¿Por qué lo haces, Moisés? ¿Qué es lo que te pasa? ¿Quieres ser actor? ¿Quieres ser militar? -lo interpeló su hermana Blanca Boyer hace unos meses, cuando la visitó a su casa, en el estado Mérida.

Ella dice que no le contestó, que él solo reía –que se ríe mucho–; que Moisés no habla con su familia de su vida personal, ni de sus planes, ni de sus viajes. Ella dice que no sabe si está casado o si tiene hijos. En total, explica Blanca, son 15 hermanos que jamás vivieron juntos y él es el menor de los varones.

--No me crié con Moisés, sino que empecé a verlo más cuando ya estábamos grandes. Es un hombre inteligente, con bellos sentimientos. Lo que pasa es que la vida no le ha sido fácil. Nuestra infancia fue muy triste. Ya yo lo superé: soy licenciada, me casé. Pero él no está muy bien que se diga, mentalmente. Necesita ayuda espiritual. Yo traté de ayudarlo, quería que se viera con un pastor, que recibiera ayuda cristiana.

Hasta donde sabe, continúa, su hermano es bachiller. Desconoce si recibió algún tipo de instrucción militar. Elba, otra de sus hermanas, tampoco lo puede asegurar. Moisés nunca mostró un documento que confirmara sin dudas su condición castrense. Aparece como “cesante”, desde hace más de 15 años, en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales y la compañía donde cotizó por última vez fue Group 4 Securicor G4S, C. A., de servicios de seguridad.

--No sé mucho de su vida. Recuerdo que estaba metido en cosas del gobierno, con Chávez cuando estaba preso—cuenta Elba --La última vez que vino a mi casa, yo le dije: “Te quedas esta noche, pero mañana te vas porque no quiero problemas”. No quiero que le pase nada a mi hijo. Ya yo perdí a uno, porque me lo mataron unos malandros.

Moisés Boyer se crió con otra familia en San Bernardino, Caracas, sin la compañía de sus padres. Blanca dice que el abandono de sus padres es una de las razones por las que él busca atención. Y, a los 31 años, la consiguió: el periódico colombiano El Espectador publicó en agosto de 2003 una extensa entrevista suya, titulada “Yo llevé a Raúl Reyes a Venezuela”, que generó tensiones entre los gobiernos de ambos países.

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La primera vez que salió en los medios fue en El Espectador de Colombia denunciando vínculos de Chávez con las FARC. Luego vino el desmentido y más recientemente la historia de su peripolo en Brasil.

Sus declaraciones –replicadas por agencias internacionales y medios venezolanos– fueron estas: que era teniente de infantería, que fue piloto privado de Chávez durante su primera campaña presidencial, que abandonó el chavismo y Venezuela para develar la relación entre el gobierno venezolano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc): dijo que el entonces vicepresidente  José Vicente Rangel le pidió ir a buscar en una aeronave pequeña al líder guerrillero Raúl Reyes en la selva colombiana y traerlo a Venezuela a recibir atención médica; dijo que presenció reuniones en Venezuela entre Chávez y otros guerrilleros como Alfonso Cano y Andrés París; dijo que los Círculos Bolivarianos –organizaciones sociales impulsadas por el chavismo– eran una fachada de grupos subversivos de Colombia que funcionaban en territorio venezolano. Dio detalles: la matrícula del avión donde trasladó a Reyes (YV-226-P), la fecha (18 de abril de 2002), el número de su licencia de piloto (572935).

Días después, El Espectador emitió un comunicado que decía que el medio había sido “engañado” por Moisés Boyer. “También se equivocó al otorgarle plena credibilidad a su versión sin confirmar totalmente sus apreciaciones ni consultar a la contraparte”, señalaba el texto. Incluso, representantes del periódico se disculparon personalmente con Chávez. El director, Ricardo Santamaría, responsable de la publicación, fue despedido.

Hoy, aquel evento todavía resulta embarazoso, un episodio del que nadie parece querer recordarse. El editor de la sección de Judiciales de El Espectador se negó a declarar para esta nota, pues, alegó, se trata de algo que ocurrió cuando él no estaba. Muchos de los periodistas que trabajaban en la sección para esa época, ya no están. Y los que quedan tampoco quieren verse involucrados: “De verdad, yo no sé nada, yo no quiero hablar porque yo no formé parte de eso”.

Pasaron tres años y Moisés lo volvió a hacer: en junio de 2006, en una conferencia de prensa en Lima, Perú, vestido con uniforme militar, denunció que el Gobierno de Venezuela financiaba la campaña del candidato a la presidencia de ese país por el Partido Nacionalista Peruano (PNP), el hoy presidente Ollanta Humala. Según la versión, Chávez habría enviado 600 mil dólares y estos habrían sido recibidos por el suegro de Humala, Ángel Heredia Palomino. Eso dijo. Y eso desmintió él mismo en 2007, cuando aseguró que el secretario general de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (Apra, socialdemócrata, partido del dos veces presidente Alan García), Mauricio Mulder, rival de Humala, le había pagado para hacer aquella declaración.

Fue detenido por las autoridades peruanas, en la División de Extranjería, un mes después de sus polémicas declaraciones. Los cargos: usurpación de funciones militares y presunta ilegalidad migratoria.

--Todo eso que dice él es mentira. Para mí, todo es mentira. Él no es una persona peligrosa, pero hay que ayudarlo— afirma Blanca con convicción, y lo justifica –Investiguen qué es el rechazo. Cuando unos padres lo rechazan a uno, eso es terrible. Mi hermano tiene problemas de rechazo, él ha sido una persona muy sufrida.

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Yo estuve en Perú entre 2005 y 2007. Hice las paces para volver a venir a Venezuela. Conocí al papá de Chávez, el señor Hugo de los Reyes, y me dijo que no había ningún tipo de problema: que iban a ponerme como loco para que no quedara ningún expediente, que lo que se había dicho públicamente desapareciera y yo me retractara. Yo accedí a hacerlo, pero después decidí ir a Ecuador en 2007 y logré hablar con el presidente de la época, no recuerdo el nombre. Me dieron refugio.

Si tú buscas información oficial mía a la Embajada, te la van a negar. Yo debo tener las credenciales en algún lugar, pero tendría que buscar.

Ecuador es costoso, el ritmo de vida es fuerte, porque ellos tienen muchos refugiados colombianos. Por eso me fui a México, donde me dieron refugio de 2008 a 2010. La Embajada de México me aprobó la solicitud siempre y cuando no declarara a la prensa. Pero yo les dije que ellos me tenían que escuchar, entonces creé una controversia en el gobierno de Felipe Calderón. No, perdón, Vicente Fox.  Claritamente, el gobierno de Vicente Fox, lo recuerdo claritamente.

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--Hablé con él durante dos días— relata la periodista colombiana Diana Carolina Durán, del diario El Espectador de Bogotá, quien entrevistó a Boyer vía telefónica en octubre de 2013 cuando estaba en el aeropuerto de Brasilia pidiendo asilo a la presidenta Dilma Rousseff— Me dio la impresión de que había un delirio de grandeza bien impresionante en este hombre. Él insistía mucho en que era el objetivo militar número uno en Venezuela. Creo que es un personaje que se da muchísima importancia. Yo no soy quién para juzgar eso, pero dice que tiene mucha información y nunca la comprueba.

Boyer buscó –y encontró– un nuevo público, ahora de habla portuguesa, en aquella oportunidad: medios brasileños, como O Globo, contaron la historia del venezolano que vivió por varios días en el Aeropuerto Internacional Presidente Juscelino Kubitschek, de la capital brasileña, y cuya comida y aseo dependían para ese entonces de la generosidad de los empleados. O al menos eso contaba él, ya sin credibilidad, con contradicciones evidentes.

--Fíjate que él dice que pidió asilo desde 2011. Entonces, sí dijo mentiras con respecto a sus tiempos, porque también me contó que lo capturaron en 2010 en Ecuador y dijo que lo mantuvieron preso por 23 meses. O sea, que habría recuperado su libertad en 2013, por lo que no podría haber estado en Brasil en 2011 para haber hecho aquella solicitud— explica Durán.

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Boyer decía que el gobierno venezolano lo perseguía por sus denuncias. Pidió asilo político en varios países latinoamericanos: Colombia, Ecuador, Perú, México, Brasil.

El periodista ecuatoriano Arturo Torres, del diario El Comercio de Quito, fue otro de los reporteros extranjeros contactados por Boyer en sus correrías. Hace cinco años llamó al periódico y preguntó por el encargado de temas de corrupción. Torres y él acordaron una cita. Repitió las frases del mismo guion: perseguido político, denuncias contra el gobierno venezolano; sin pruebas. Por eso, Torres no publicó.

--También pedía que le prestara dinero, pero le dije que no era nuestra política pagar a las fuentes— recuerda.

Boyer asegura que las sedes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) de los países donde estuvo lo ayudaron económicamente. Y que, además, algunos políticos, cuyos nombres se reserva, también le daban dinero.

Pero tampoco menciona, ni hace referencia, al abogado Alfonso Colmenárez, quien le prestó un millón de pesos –cerca de 400 dólares– en Bogotá. Colmenárez dice que lo conoció el 2 de marzo de 2013. Cuenta que Boyer tenía la corbata hacia un lado, la ropa arrugada y el cuello de la camisa estaba sucio. Le dijo que no tenía comida ni dónde dormir. Como Colmenárez también es venezolano, decidió ayudar a su paisano.

Aún espera que Moisés aparezca y le pague. Pero, como los demás, ya no confía en él ni en las cosas que le contó. Al día siguiente de su primer encuentro, recibió una llamada de él pidiendo que lo defendiera porque estaba detenido a las puertas del Congreso de Colombia.

--¿Me puedes ayudar? -dice Colmenárez que le pidió Boyer-. Estoy metido en un problema. Me agarraron, y yo solo quería hablar con el presidente de la República.

--¿Cómo se te ocurre?

--No te pongas así.

--Yo te voy a mandar a otro abogado, pero quiero que quede claro que yo no tengo nada que ver con eso.

Lo retuvieron por 24 horas en una estación policial, luego de que entrara con voz potente y agresiva al Congreso, pidiendo, a gritos, una audiencia con el mandatario Juan Manuel Santos. Después, Colmenárez se enteró de que se fue de la ciudad sin siquiera retirar su maleta del hotel. No ha sabido más de él.

***

Sí, sí dije otra mentira. Dije que mi familia había sido asesinada y no es verdad. Lo dije para proteger a mi esposa y a mis hijos. Como me están persiguiendo, no quiero que les pase nada. Así que eso también es mentira: no fui piloto y mi familia sí está viva. De resto, todo es verdad.

Yo sé muchas cosas y si las digo, me matan. Yo me acerqué a la Fiscalía con el objetivo de que me metieran en el Sebin para poder averiguar cosas. Ése era mi plan. Cuando estuve allí, me enteré de la verdad sobre quién mató a Eliécer Otaiza (N. de R.: concejal metropolitano de Caracas y ex jefe de la policía política chavista) y a Robert Serra (N. de R.: diputado oficialista a la Asamblea Nacional asesinado, como Otaiza, en Caracas en 2014). Sé la verdad de lo que pasó con el fiscal Danilo Anderson (N. de R.: Fiscal asesinado con un atentado explosivo en 2004). También hablé con Walid Makled (N. de R.: comerciante del estado Carabobo detenido desde 2011 por cargos de tráfico de drogas) y le decía: “¿Chico, por qué no dices los nombres de los funcionarios del gobierno que trabajaron contigo?”. Yo limpiaba las celdas y así podía hablar con mucha gente.

Mi patria es lo primero, incluso primero que mi familia, eso se lo dejé claro a mi esposa. Por eso, me voy otra vez, tengo que hacerlo. Mi meta es regresar y ser candidato en Trujillo.

Espero haberte ayudado. Por cierto, me da mucha pena contigo –hace una pausa, sonríe, agacha la cabeza-, ¿me prestas dinero para ir a Brasil? Bueno, está bien, entiendo. No tengo mucho, pero igual me iré al terminal de Oriente. La decisión está tomada, hoy me voy.



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