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La transgresión del paraíso

Cada vez son más los campamentos mineros en el Sector Oriental del Parque Nacional Canaima, en lo que se conoce como la Gran Sabana, el paraíso escondido en el sureste recóndito de Venezuela, en la distante frontera hacia el Brasil. Se sabe que al menos una docena de bombas disparan diariamente potentes chorros de agua para remover la capa vegetal y así sacar el oro –y a veces los diamantes– que esconde el suelo en sus entrañas. Si bien antes lo negaban, a estas alturas, las autoridades indígenas reivindican sus derechos sobre los territorios ancestrales y aseguran que su gente necesita de dinero y que el turismo, una actividad a la que consideran tan destructiva como la minería, no les da para vivir.

14 November 2014

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Santa Elena de Uairén.- Comienza septiembre, corre la temporada alta en el Sector Oriental del Parque Nacional Canaima y, sin embargo, el parador turístico ubicado sobre el Kilómetro 826 de la Troncal 10 a la altura del majestuoso salto del río Kamá se encuentra desierto. Solo dos hombres indígenas ofrecen sus artesanías sobre la defensa de piedras al margen de la escalera que asciende hasta la parte alta del mirador.

El Sector Oriental del Parque Nacional Canaima es lo que se conoce como la Gran Sabana, la tierra del pueblo indígena pemón, 1.086.250 hectáreas salpicadas de bosques, explanadas verdes, morichales, nacientes de agua, ríos cristalinos e inmensos tepui, imponentes montañas de cimas planas, como el Roraima y el Kukenán, cumbres pobladas de especies milenarias escondidas en neblinas perpetuas.

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