Pacific Rubiales: la caída de un gigante

De Colombia desapareció un gigante petrolero. Una máquina inmensa que se erigió durante ocho años como uno de los motores económicos del país y como la petrolera independiente más grande de Latinoamérica. Simplemente se desvaneció. Así como se construyó de la nada a partir de la fusión de dos empresas dedicadas a la extracción de gas y de crudo pesado, Pacific Rubiales se evaporó en unos cuantos años hasta dejar un cadáver desarticulado: un escenario desolado en la región en la que se asentó, el pueblo de Puerto Gaitán en los Llanos Orientales colombianos, zona golpeada por la violencia del conflicto armado desde la década de los ochenta.

Según los registros oficiales, Pacific Rubiales Energy Corp nació el 23 de enero de 2008 en Toronto, Canadá, con la fusión de las empresas Petro Rubiales Corporation y Pacific Stratus Energy Limited. Fue el producto de un encuentro fortuito en el que confluyeron cuatro venezolanos, dos de ellos antiguos cuadros directivos de Petróleos de Venezuela, PDVSA.

La historia de este gigante petrolero es compleja. El complicado entramado empresarial que precedió su creación es solo una pequeña muestra de la inmensa red de compañías asociadas a su expansión en más de 20 países, muchos de ellos considerados paraísos fiscales.

La empresa concentró su producción en tres campos ubicados en la vereda Rubiales del municipio de Puerto Gaitán, los llamados campos Rubiales, Quifa y Piriri, en medio de la extensa llanura que comparten Colombia y Venezuela y que está dividida por el río Orinoco. La zona había sido afectada por la violencia del conflicto armado colombiano durante décadas, pero se convirtió en un lugar de interés económico para empresas petroleras y agroindustriales. Exactamente después de 2002, año clave para entender la creación de Pacific.

Ese año aparece otro gran protagonista en la historia: el empresario Germán Efromovich, también propietario de la aerolínea Avianca. Desde los años ochenta, su empresa Synergy se había asociado varias veces con el grupo Elliot, uno de los mayores fondos de inversión estadounidense, en la exploración y explotación de proyectos petroleros en varias regiones del mundo, entre ellos el Oriente Medio.

En los últimos años el grupo financiero se hizo famoso en países de América Latina como Perú y Argentina, a los que compró bonos de deuda pública con alto riesgo de impago. Elliot terminó demandando a los dos estados ante tribunales estadounidenses por cesación de pagos. Reclamaban la totalidad de la deuda y sus multimillonarios intereses. Los dos gobiernos señalaron a la empresa como un fondo “buitre” que solo buscaba sacarle un gran provecho económico a la deuda pública.

En 2003, Efromovich y el Grupo Elliot aceptaron una oferta para adquirir la explotación de los pozos en Rubiales, con la compañía Meta Petroleum. El recién electo gobierno de Álvaro Uribe Vélez les prometió presentar ante el Congreso colombiano un proyecto de ley, la que sería luego la Ley 1760, que daría condiciones ventajosas a la inversión petrolera. La propuesta incluía el respaldo de la fuerza pública para la garantía de la seguridad en las zonas de explotación, que había tenido una fuerte presencia de la guerrilla de las FARC.

El propio Germán Efromovich contó, en un fragmento no publicado de la entrevista que concedió en 2011 al portal VerdadAbierta.com, que creó Meta Petroleum en 2003 con dinero del Grupo Elliot y recursos propios de su conglomerado empresarial Sinergy, que tenía inversiones en petróleo, la industria aeronáutica y otros sectores. Efromovich vio que el negocio podía ser muy rentable con la seguridad que le garantizaba el recién posicionado Uribe y el ascenso del precio del crudo pesado, característico de esta zona del continente.

El Congreso colombiano aprobó la Ley 1760 ese mismo año. Según el informe “Acumulación de Aguas y Tierras en la Altillanura”, el texto legal reestructuró la participación del Estado en la exploración petrolera, redujo la tributación a las empresas del rubro que invertirían en el país y flexibilizó las exigencias ambientales para la explotación.

Con los nuevos beneficios de la ley y con centenares de soldados colombianos instalándose en la zona de Rubiales, Efromovich dio forma a su proyecto, mientras en la vecina Venezuela los otros grandes protagonistas de esta historia vivían un momento clave.

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Luego del golpe de Estado contra Hugo Chávez en abril de 2002, la tensión entre el gobierno venezolano y gran parte del sector empresarial condujo a un paro general que sus cúpulas y las sindicales convocaron para finales de ese año. A la huelga se sumó una gruesa cantidad de los trabajadores de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela, cuyo control se convirtió en uno de los principales objetivos del pulso entre el gobierno y las directivas de la compañía.

La huelga terminó al cabo de dos meses. El gobierno despidió a miles de trabajadores de PDVSA que participaron en ella. Entre ellos, con la cúpula directiva, el presidente de Servicios, el ingeniero Ronald Pantin, que había trabajado 23 años en la compañía, o al menos esa fue su versión en varios medios de comunicación colombianos. Sin embargo, el portal de información económica Bloomberg señala que dejó la petrolera estatal venezolana en el 2000 y después tuvo un corto paso por la presidencia de Enron Venezuela.

Pantin viajó a Colombia atraído por las nuevas condiciones para la inversión de capital petrolero. “Los planetas se alinearon”, dijo años más tarde al portal Kienyke. Se refería a la posibilidad de aplicar las técnicas de extracción que había puesto en funcionamiento desde hacía más de dos décadas en Venezuela en medio de una favorable situación empresarial.

Pantin llevó a Colombia a su amigo José Francisco Arata, que había trabajado como geólogo de la empresa Maraven, una filial de PDVSA. Según contó Pantin a Kienyke, en Bogotá se encontraron con otro venezolano, el economista Miguel de la Campa, que tenía varios años de experiencia en el sector petrolero.

Pantin afirmó al portal colombiano Kienyke que De la Campa y Arata buscaron a Serafino Iácono, otro reconocido economista que tenía la reputación de conseguir grandes sumas de dinero para financiar proyectos petroleros.

Arata, Iácono y de la Campa hacían negocios juntos, al menos desde 1996, año en el que fundaron en Aruba una empresa llamada Tecnopetrol, que al año siguiente abrió una sucursal en Colombia, según el registro de esta compañía en la Cámara de Comercio de Bogotá. Según el documento, la empresa se dedicaba a la exploración y exploración petrolera, aunque en 2003 cambió su nombre a Bolivar Gold Corp, una minera con derechos de extracción de oro en la región de El Callao, al sur de Venezuela.

Los cuatro venezolanos se presentaron en la TSX, la bolsa de valores canadiense de Toronto --una de las mayores del mundo--, y compraron la empresa familiar Pacific Ventures, que en sus comienzos se había dedicado a la venta de cosméticos-

No es fortuito que escogieran Canadá como país para buscar capital y hacerse con una empresa creada con anterioridad: desde hace varias décadas las leyes de ese país otorgan facilidades tributarias a empresas dedicadas a la extracción petrolera y minera. Al menos dos mil empresas de las 3.800 registradas en la Bolsa de Toronto se dedican a la extracción de petróleo u otros minerales.

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Pacific Ventures adquirió, en 2004, el derecho a explotar el pozo de gas La Creciente, en el departamento de Sucre del Caribe colombiano. Según un reportaje de la Revista Semana publicado en 2008, el empresario canadiense Frank Giustra, quien es cercano a la familia Clinton, fue el encargado de conseguir los recursos para que los venezolanos comenzaran su inversión en Colombia.

Pantin, Arata, Iánoco y de la Campa decían ser los directivos de una empresa canadiense que quería invertir a gran escala en la exploración y extracción de gas y petróleo en Colombia. Pero en realidad Pacific Ventures era una empresa de estos cuatro venezolanos, a la que se fue sumando con el tiempo el capital de varios países además de Canadá, entre ellos Estados Unidos, Brasil y México. Sus operaciones de extracción de minerales se concentraron en Colombia en más de un 90 por ciento.

En 2005, Pacific Ventures cambiaba el nombre a a Pacific Stratus Energy, que continuó cotizando en la bolsa canadiense.

A mediados de 2007, Pantin, Arata, Iánoco y de la Campa se sumaron formalmente al proyecto de explotación de petróleo en campo Rubiales que había comenzado el brasileño German Efromovich con Meta Petroleum en 2003, empresa con la cual la producción en la zona había crecido de 400 barriles diarios a cerca de 40 mil en 2006. Según Efromovich, los cuatro empresarios llegaron al proyecto por los conocimientos que traían en la extracción de petróleo pesado.

Pero no entraron inicialmente en el negocio con Pacific Stratus, o al menos no uno de ellos, Ronald Pantin. En septiembre de 2007, una sociedad panameña llamada Petro Rubiales Corp, con accionistas desconocidos, registró una sucursal en Colombia cuyo representante legal fue Ronald Pantin. La única información que se tiene de la empresa en Panamá es que fue creada apenas dos semanas antes de abrir la sucursal en Colombia, y que dos directivos, Geidy Angulo y Zeudi Burgos, han sido compañeros de Arata, de la Campa y Iácono en las juntas directivas de varias empresas en Panamá.

La creación de empresas en lugares del mundo con mejores condiciones tributarias ha sido una práctica común para las inversiones de los cuatro accionistas venezolanos y sus socios. Como se puede ver en la infografía que explica la evolución de las empresas que precedieron a Pacific Rubiales, constituyeron varias compañías en lugares considerados paraísos fiscales como las Islas Caimán.

A finales de 2007 Petro Rubiales adquirió Meta Petroleum, la empresa de Efromovich que explotaba los campos petroleros, y un par de meses después, en febrero de 2008, nació finalmente Pacific Rubiales, con la fusión de Pacific Stratus Energy y Petro Rubiales. La nueva petrolera compró y fundó más de 80 empresas en al menos 20 países, revela el informe Acumulación de Aguas y tierras en la Altillanura de las ONG Indepaz y SOMO. Arata, Iácono y de la Campa figuran incluso en varias compañías del sonado caso Los Papeles de Panamá, una investigación periodística que dejó en evidencia la estrategia de centenares de empresas de mover sus capitales a paraísos fiscales para evadir el pago de impuestos.

Efromovich y el grupo Elliot continuaron como accionistas en la nueva compañía, que no tardó en convertirse en la empresa privada petrolera más grande de Colombia: llegó a producir unos 300 mil barriles de petróleo al día, aproximadamente el 30% del total de la producción del país. Un batallón del Ejército colombiano y crecientes incursiones paramilitares habían hecho retroceder a la guerrilla de las FARC y habían mejorado la seguridad de la zona.

El nombre de Pacific Rubiales se hizo habitual en la publicidad de los grandes eventos: patrocinadora de la Selección Colombiana de Fútbol y de conciertos de famosos cantantes internacionales, y la gran madrina de la celebración de los 30 años de la Revista Semana, uno de los medios más influyentes en la política colombiana.

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Mientras Pantin, Arata, Iánoco y de la Campa se volvían habituales en las páginas sociales, también se iban descubriendo, de forma creciente, las pésimas condiciones laborales de centenares de trabajadores en sus pozos en los Llanos Orientales. Un paro petrolero en 2011 evidenció que la vida de miles de colonos en Puerto Gaitán transcurría en la pobreza, aunque habían llegado a la región con la esperanza de recibir algo de la bonanza.

El paro también empeoró la relación de la compañía con las comunidades que habitaban los alrededores de los pozos, que revelaron que vivían en medio de una especie de república independiente en la que Pacific había asumido casi por completo el papel de un estado. Las protestas en la región se volvieron frecuentes, tanto como las denuncias por amenazas a varios campesinos y líderes sindicales.

A pesar de ello, las atractivas cifras que mostraba la compañía sobre su potencial –en sus declaraciones Pantin llegó a elevar la cifra a 500 mil barriles diarios-- hicieron que nuevos inversionistas, entre ellos varios fondos de pensiones colombianos y nuevos empresarios venezolanos de la llamada “boliburguesía”, se volvieran socios minoritarios de la petrolera.

Durante la bonanza, varios funcionarios que salían del gobierno de Álvaro Uribe Vélez comenzaron a ocupar importantes cargos en Pacific o en subsidiarias de la petrolera, la puesta en práctica de las puertas giratorias: las empresas contratan a los ex funcionarios que durante el ejercicio de su cargo las beneficiaron y que aun fuera de la función pública siguen manejando información relevante.

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La época de la opulencia de Pacific Rubiales terminó a mediados de 2014, cuando comenzó a descender el valor de las acciones de la compañía. En 2016, luego de reportar millonarias pérdidas que alcanzaron los 900 millones de dólares durante el primer trimestre de ese año, según sus informes financieros, Pacific llegó a un arreglo con un fondo de inversión canadiense llamado Catalyst Capital Group. El fondo asumió la reestructuración de la empresa a cambio del 100% de las nuevas acciones. La operación encontró la protesta de los inversionistas minoritarios, que resultaron más perjudicados con la venta.

Catalyst adquirió todo el conglomerado empresarial, además de miles de hectáreas en Colombia y el derecho de explotación de varios campos gasíferos y petroleros, lo mayores de ellos en Puerto Gaitán. La compañía se quedó con los campos Quifa y Piriri, y entregó el campo Rubiales –el principal-- a Ecopetrol, la petrolera pública colombiana, en junio de 2016.

Justo un año más tarde la empresa pasó a llamarse Frontera Energy Corporation. Aunque ni Pantin, Arata, Iánoco y de la Campa aparecen en la nueva junta directiva, uno de sus antiguos socios, el norteamericano Peter Volk, se mantiene como consejero general.

Los cuatro socios venezolanos han insistido en que la causa del declive de la compañía fue el descenso de los precios internacionales del petróleo, pero varios estudios financieros han demostrado que las malas prácticas gerenciales pudieron afectar de forma sustancial el patrimonio de la empresa. A la fecha de la venta de la compañía en 2016, las empresas de la compleja red que habían creado Pantin, Arata, de la Campa y Iácono siendo directivos de Pacific se contrataban y se subordinaban entre sí.

En Armando Info y Rutas del Conflicto buscamos conocer las versiones de Ronal Pantin, José Francisco Arata, Serafino Iácono y Miguel de la Campa, pero resultó imposible. Intentamos contactos, vía telefónica y correo electrónico, con la oficina de abogados Garrigues, que representa a Pantin, Iácono y De la Campa en varios procesos judiciales, pero insistieron en que no darían declaraciones. La nueva administración de la empresa, ahora Frontera Energy, negó tener información de contacto de los cuatro empresarios. Su antiguo socio, el norteamericano Peter Volk, que continúa siendo funcionario de la petrolera, tampoco respondió. Dirigimos también correos electrónicos a la oficina de comunicaciones de Strategic Mineral Spain, empresa en la que trabajan Serafino Iácono y Miguel de la Campa, pero no obtuvimos ninguna respuesta.